Definición de ¿Qué son los sesgos financieros y cómo pueden mitigarse?
Los **sesgos financieros** son tendencias o prejuicios inconscientes que pueden afectar las decisiones financieras de un individuo, a menudo llevando a errores o problemas de inversión. Estos pueden ser sesgos cognitivos (errores de procesamiento de información o de memoria) o emocionales (decisiones basadas en sentimientos personales o intuiciones).
La **mitigación** de los sesgos financieros se basa en la **conciencia** y la **educación**. Comprender los diferentes tipos de sesgos puede ayudar a identificar cuándo y cómo están influyendo en las decisiones financieras. Asimismo, el uso de herramientas y estrategias como la diversificación de inversiones, la consulta con asesores financieros, o el uso de algoritmos y tecnología para tomar decisiones, pueden evitar el impacto negativo de estos sesgos.
Antes de tomar cualquier decisión, se libra una batalla en nuestra mente: razones emocionales versus razones racionales. Cuando ganan los primeros decimos que se ha producido un sesgo. ¿Y qué pasa cuando se presenta una situación así ante decisiones económicas y financieras?
A David le gustaría comprar un televisor nuevo y empieza a buscar ofertas. Hay dos que te llamaron la atención; El primero, un poco más barato, en una tienda a 20 kilómetros de su casa, el segundo, a dos cuadras. A pesar del tiempo que David va a emplear en desplazarse hasta un establecimiento situado a 15 minutos en coche de su domicilio, y de la gasolina que tendrá que gastar en ello, prefiere comprar el que, a primera vista, le sale más barato. . Pero si dejamos de pensarlo detenidamente, después de gastar tiempo y dinero en ir a la tienda, ¿seguirá siendo la que menos coste tiene?
Al tomar esta decisión, David se basó en sesgos cognitivos, es decir, esos “atajos” intuitivos y emocionales que pueden jugarnos una broma cruel a la hora de tomar decisiones relacionadas con nuestra salud financiera. Entre los más comunes encontramos el sesgo de exceso de confianza, que se produce cuando tenemos demasiada confianza en nosotros mismos, el sesgo de disponibilidad, donde elegimos algo sólo porque es la opción más obvia, o el sesgo de ilusión de control, que nos hace pensar erróneamente que no tener influencia en determinadas circunstancias.
En el caso específico de David, se dejó llevar por un sesgo de anclaje porque tomó una decisión en función del precio del producto que desea comprar, que en este caso fue el “ancla” que lo llevó a quedarse con esa opción sin cuestionar ningún otro factor. .
Pero, ¿cómo podemos frenar los sesgos cognitivos para que no enturbien nuestras decisiones financieras y permitan así que prevalezca la racionalidad?
En primer lugar, la educación financiera puede ayudar a reducir el impacto de los sesgos cognitivos. Un conocimiento profundo de las causas y consecuencias de los movimientos económicos y sus consecuencias nos ayudará a tomar mejores decisiones. Por ejemplo, en el ámbito de las inversiones, una cierta formación sobre el tema puede darnos una mejor comprensión de qué es mejor y qué puede perjudicarnos. La motivación es otra de las claves a la hora de tomar decisiones racionales que afectarán a nuestra salud económica, así como aprender a pensar y ver los problemas desde diferentes perspectivas. Además, el conocimiento de los métodos para controlar el optimismo llenará de racionalidad nuestras decisiones.
Por último, es importante estandarizar nuestros procesos de toma de decisiones, en los que podamos incluir, por ejemplo, una lista de las ventajas y desventajas de las distintas opciones entre las que tenemos que elegir.
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